9 - Catalina Yaryes e Interno 11

Zaire 74, tiro inlibre

"La puntuación está 3-0 para Brasil que podrá beneficiarse de un peligroso Tiro Libre. Para esto se prepara Riveliño, listo para fulminar al portero adversario, con su violento tiro de pie izquierdo (la trivela o tiro a tres dedos). Mientras el número 10 verdeoro está consultando con sus compañeros la última jugada, el zairese Joseph Mwepu Ilunga desde la barrera toma la decisión que lo entregará a la historia..."

Das Parkstadion in Gelsenkirche. Se juega el último partido del grupo 2 del mundial de Alemania 1974, entre los Brasil (campeón defensor del mundial anterior) y Zaire, a esa altura ya eliminado.

El marcador dice 3-0 a favor de Brasil, que tiene un peligroso tiro libre a pocos metros del área. Se prepara el peligroso Rivelino, con el claro objetivo de fulminar al portero zaireño con su famoso zurdazo a tres dedos o trivela. Mientras el número 10 verdeoro está consultando con sus compañeros la última jugada, el zaireño Joseph Mwepu Ilunga, que forma parte de la barrera, toma la decisión que lo grabará en la historia.

Al silbato del árbitro, Joseph Mwepu Ilunga deja la barrera y con amplias zancadas alcanza la pelota, rechazándola a decenas de metros de distancia. El balón pasa a centímetros de rostro de un pasmado Rivelino; el árbitro y los jugadores cariocas miran sorprendidos a Mwepu Ilunga, quien parece decir: “¿qué hay de extraño? ¿no puedo hacerlo?”. El árbitro responde “no” y raudo saca la tarjeta amarilla. Mwepu hace una especie de reverencia y vuelve a la barrera, visiblemente nervioso.

Los brasileños se miran con extrañeza, ríen, tal como lo hizo el resto del mundo por muchos años, o al menos hasta que Mwepu y sus compañeros decidieron hablar.

En aquellos años, Zaire estaba bajo la dictadura del mariscal y presidente Mobutu Sese Seko – que estaría en el poder hasta su exilio en 1996 – y su régimen tiránico se hacía respetar: No soportó el ridículo de los dos primeros partidos perdidos en la etapa de grupos, primero con Escocia (0-2) y luego con la Yugoslavia (0-9).

Para el partido final contra Brasil, a los sudamericanos les bastaban solo 3 goles para clasificarse, por lo que el dictador advirtió implacablemente que si los cariocas superaban ese margen, las represalias contra los jugadores y sus familias serían fatales.

Mwepu y sus compañeros de equipo entran en pánico y el defensa elige un recurso desesperado, anárquico: el de reinterpretar las reglas del juego. Por desgracia, para él (o también para todos) las reglas no se rompen.

Joseph Mwepu Ilunga realiza este acto a comienzos de la globalización, de la época de los satélites, de los logos, del sponsor y de la imagen, época en que si te equivocas, temarginan y te ridiculizan; las acciones ejecutadas deben servir de modelo y no un modelo cualquiera, sino uno ganador.

Zaire consiguió perder por 0-3 y con esto salvar el honor del dictador Mobutu y de algún modo salvar la vida de sus desesperados jugadores.

Zaire ya no existe, Yugoslavia tampoco, Escocia busca insistentemente su independencia, Mobutu Sese Seko se buscó asilo en Francia y terminó su exilio en Marruecos. El desafortunado héroe Mwepu sobrevivió contando esta historia y nosotros nos esforzamos en buscar diversidad con las mismas reglas.

“Perderemos”


Este es un dúo formado casualmente para estos encuentros futboleros Catalinay gráfica y InternoUndicia cuentea
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